El juego simbólico

Los niños están inmersos en un mundo de sensaciones y experiencias que asimilan y almacenan mientras crecen.

Para ellos todo es nuevo y sorprendente, por lo que es importante proporcionarles el tiempo suficiente y necesario para jugar y experimentar, ya que mediante el juego simbólico los niños pasan de ser espectadores de la realidad a ser los auténticos protagonistas.

El juego simbólico tiene una gran importancia en la educación infantil. Consiste en simular situaciones, objetos y personajes que no están presentes en el momento del juego pero que forman parte de su vida cotidiana y del mundo de los adultos. Es, por tanto, un marco lúdico en el que se manifiestan y se exteriorizan las experiencias sociales y personales.

Normalmente, el juego simbólico nace alrededor de los dos años y suele durar hasta los seis o siete años.

Aparece cuando el niño ha adquirido la capacidad de representación, mediante la cual puede representar acciones y reglas básicas imaginarias que hacen referencia a los acuerdos sobre a qué se juega.

Este tipo de juego es considerado el inicio de la capacidad comunicativa y subjetiva de los pequeños, ya que el dominio de las interacciones sociales se basa en la capacidad para entender y leer el pensamiento, predecir conductas y adecuar las acciones propias a situaciones determinadas.

El hecho de explorar y reproducir el mundo adulto favorece el desarrollo del pensamiento creativo y ayuda a los niños a resolver conflictos, tensiones y sentimientos. El juego simbólico es un aprendizaje que les permite conocerse a sí mismos y comprender mejor el entorno social que les rodea.

Mediante el juego simbólico, el niño canaliza tensiones y deseos afectivos, resuelve conflictos, compensa necesidades no satisfechas y puede invertir roles como la obediencia y la autoridad.

Por eso hoy os proponemos crear juego simbólico a través de cajas de cartón.