Adiós pañales

Saber controlar el pis y la caca y poder ir solos al baño es un proceso de aprendizaje que, además, supone un momento muy importante en el camino de los niños hacia su autonomía.

Para conseguir que nuestro niño aprenda a controlar sus esfínteres y pueda ir solo al lavabo será importante ir proporcionándole estrategias para que, poco a poco, vaya alcanzando estos logros.

Es importante tener en cuenta que el sistema madurativo urinario depende, principalmente, de la evolución individual de cada niño. Hay que tener en cuenta que este aprendizaje es relativamente complejo, ya que implica un control muscular voluntario consciente e inconsciente (por la noche), atención, asimilación de aprendizajes, conciencia del funcionamiento corporal, tipo de dieta, etc. (COMELLAS, 2000). Es necesario que el aparato urinario madure, por eso aquellos niños y niñas prematuros pueden tener una maduración más lenta.

Aun así hay que tener en cuenta que el ritmo de maduración y crecimiento de cada niño es diferente y, por tanto, tendremos que ser pacientes y no forzarlo, respetando sus tiempos.

Lo más importante de esta parte del proceso de retirada del pañal es saber si es el momento idóneo, si el niño está preparado para enfrentarse al reto de decir adiós a los pañales.

Los niños suelen estar preparados neurológicamente alrededor de los dieciocho o veinticuatro meses, aunque las niñas suelen ser más avanzadas; aunque todo esto depende del aprendizaje.

En caso de que un niño sea un poco más lento en alcanzar el control de esfínteres no hay que preocuparse, siempre y cuando no supere la edad de 5 años (momento en que la Asociación Americana de Pediatría considera que existe una problemática de enuresis o encopresis).

Los tres principales objetivos que se persiguen en el control de esfínteres son:

  • Conseguir que el niño sea consciente del funcionamiento de su cuerpo para que comprenda cómo debe responder de forma correcta.
  • Posibilitar el aprendizaje de una actividad fisiológica clave para evitar actitudes inadecuadas: dificultades en la evacuación, retención innecesaria…
  • Comprensión por parte del niño del proceso de evacuación: lugar, momento, higiene…

Para realizar este aprendizaje, se debe distinguir entre el día y la noche y entre el control de las “cacas” y el del “pis”.

Para que se dé el aprendizaje es fundamental la estabilidad en las respuestas de los adultos. En el momento en que se toma la decisión de favorecer el aprendizaje, es esencial mantener el método o criterio de respuesta para evitar que al niño le resulte difícil comprender los cambios y consolidar el aprendizaje.

La actitud de las familias en este momento debe ser de comprensión y paciencia en un período en el que el niño depende de su maduración y motivación. Es muy importante que este aprendizaje sea un juego para el niño, exento de presión.

Antes de empezar a quitar los pañales, se debe empezar a acostumbrar al niño al orinal o al adaptador del váter. Cada día antes de bañarlo, podemos sentarlo cinco minutos, con algo que lo distraiga. Si por casualidad hace pis ¡genial!, y si no, no pasa nada.

Cuando el niño comience a identificar y a avisar de que tiene pis, aunque a veces no llegue a tiempo, será el momento de ponerse manos a la obra.

Antes de poder ir al baño solo, el niño debe ir avanzando en la identificación de sus necesidades fisiológicas y en la conciencia de su propio cuerpo. Para ayudarle en este proceso, podemos plantearlo como si se tratara de un juego largo durante el cual le acompañaremos y le ofreceremos nuestro tiempo y dedicación para que pueda conseguir el nuevo reto. Nuestra tarea será motivarlo para que viva la retirada de los pañales y el aprendizaje de ir solo al baño como una superación.

Por este motivo será importante que, antes de iniciar el proceso, hablemos con él y le facilitemos unas pautas y hábitos para conseguirlo.

Antes de la retirada del pañal tendremos que trabajar:

  • El niño deberá ser capaz de indicarnos si ha mojado el pañal. Para tomar conciencia de la diferencia entre estar limpio y seco o mojado y sucio es importante que nosotros le mostremos y le expliquemos la diferencia: “el pañal está mojado porque te has hecho pis, ahora lo cambiaremos para que estés limpio”. Cuando lo identifique y nos lo diga o nos lo transmita con algún gesto, le cambiaremos el pañal en ese momento y, si es posible, le haremos participar del proceso, por ejemplo, pidiéndole que tire el pañal sucio a la papelera.
  • El niño, poco a poco, debe ir acostumbrándose al váter. Para conseguirlo, podemos pedirle que se siente un rato cuando le quitamos el pañal, antes de bañarlo, después de cada comida o cada dos o tres horas. Aprovecharemos este rato para estar con él y explicarle que algún día utilizará el váter para hacer sus deposiciones. Pasado el tiempo que consideremos que el niño necesita, miraremos conjuntamente si ha hecho o no alguna deposición y, si es el caso, lo verbalizaremos: “has hecho pis, ahora hay que tirar de la cadena”.
  • ¡La ropa también es importante! Así como el váter debe ser accesible, la ropa debe ser fácil de subir y bajar, evitando bodis, cinturones, tirantes, etc. En este sentido es cierto que si la retirada de pañales se realiza con buen tiempo –en primavera o verano– el niño llevará menos ropa y quizá le resulte más cómodo, pero esta no es la clave del éxito: lo que hay que priorizar siempre es el nivel madurativo del niño. Nunca esperaremos o anticiparemos la retirada del pañal priorizando la estación del año. Lo importante son sus necesidades y su proceso.

En general es más fácil que el niño aprenda a controlar el pis y la caca durante el día ya que por la noche, cuando duerme, le resulta más difícil tomar conciencia de lo que ocurre en su cuerpo. Por este motivo podemos empezar quitando el pañal solo de día. Ahora bien, hay niños que también controlan los esfínteres de noche y podemos hacerlo tanto de día como de noche. Lo importante es estar atentos a las señales que muestra el niño y respetar su ritmo.

Dado que la retirada del pañal del niño requerirá de nuestra dedicación y previsión, será aconsejable iniciarla en fines de semana o cuando dispongamos de más tiempo para estar con él. Evitaremos iniciar este proceso en momentos de cambios importantes, como la llegada de un hermano, los primeros días de la escuela, cambio de habitación, etc., porque nuestro hijo/a necesita seguridad y estabilidad, y los momentos de cambio no lo favorecen.

Avisaremos al niño de que quizá durante los primeros días se mojará y se ensuciará de pis y caca. Se lo explicaremos con naturalidad y generándole confianza, diciéndole que si se ensucia le ayudaremos a cambiarse la ropa para que no se sienta mojado o sucio. Será positivo hacer participar al niño en la limpieza de lo que se le haya escapado: por ejemplo, llevando la ropa sucia a la lavadora.

Será importante que, durante el proceso, la familia se muestre comprensiva: es habitual que las primeras veces el niño no llegue a tiempo al lavabo o que nos avise de que tiene ganas de ir al váter cuando ya ha hecho sus necesidades. En estos casos, no debemos enfadarnos. Le explicaremos otra vez que cuando tenga ganas debe intentar avisarnos antes, o debe procurar no esperar, y le animaremos diciéndole que la próxima vez o pronto lo hará bien. Poco a poco, el niño irá regulando sus tiempos.

Es importante que no hagamos comentarios despectivos al niño, ni lo comparemos con sus hermanos o compañeros de clase. También debemos ser conscientes de que una vez decidimos quitar el pañal no se lo volveremos a poner, ya que si no estaríamos confundiendo al niño.

Hasta el momento en que el niño no sea del todo autónomo en el hábito de ir al váter, será conveniente llevar una bolsa con ropa y calzado de recambio, toallitas, etc. Si hacemos salidas podemos intentar pensar en lugares donde haya baños de fácil acceso. Si lo consideramos oportuno, podemos forrar los asientos del coche, el sofá, poner una funda en la cama, etc.

Es importante reconocer al niño su esfuerzo cuando utilice el váter, expresando con palabras lo que ha conseguido: “Hoy no has mojado la cama y has ido solo al váter cuando te has levantado”. De esta manera lo haremos sentir orgulloso de sus logros, dándose cuenta de que le prestamos atención y de que a nosotros también nos hace felices.

Cuando nuestro hijo/a ya haya aprendido a usar el váter de día y comience a dejar seco el pañal durante la noche varias veces seguidas, lo animaremos a retirarlo también para dormir.

El control de las deposiciones por la noche puede tardar en llegar, aunque también puede aparecer de manera espontánea como consecuencia del aprendizaje diurno de ir al váter. Lo importante es que seamos pacientes, invitándole a ir al baño antes de dormir y, si lo consideramos oportuno, despertándole por la noche.

A continuación os dejamos algunos libros infantiles que hablan del orinal y la retirada del pañal. Es una manera de empezar a hablar del tema con los más pequeños y de motivarlos: