Esta semana os queremos hacer una recopilación de cuentos tradicionales para que podáis explicarlos a los más pequeños. Pero en todos los cuentos os dejaremos dos versiones: la versión más famosa que todos conocemos y otra versión de la misma historia, además de diferentes recursos para que podáis trabajarlos en casa. El objetivo de la propuesta de esta semana es ver que no todo tiene una única versión, sino que en función de la experiencia de cada personaje se vive de una manera u otra. Además, también queremos romper los estereotipos de los cuentos tradicionales para hacernos reflexionar.
Es importante que expliquemos los cuentos tradicionales, pero también es importante que podamos ampliar el abanico para poder enseñarles diferentes valores y que ellos mismos puedan ser críticos y reflexionar sobre las distintas versiones que tenemos de una misma experiencia.
Cuento tradicional: Los tres cerditos
Érase una vez tres cerditos que vivían juntos en medio del bosque. Los tres eran hermanos: el más pequeño era el travieso de la familia; el mediano era el más juguetón; y el mayor era el más sensato y trabajador de los tres. Un día decidieron que vivirían separados y que cada uno se construiría una casa.
El cerdito pequeño decidió hacerse una casa de paja. “La paja pesa poco y es fácil de manejar”, pensó, “y así podré irme a hacer travesuras muy pronto”.
El cerdito mediano, que también quería ir rápido para jugar con su hermano pequeño, decidió hacerse la casa un poco más allá pero de madera. “Aunque la madera es más pesada que la paja, yo soy más fuerte que mi hermano pequeño y la acabaré muy rápido”, pensó. Y dicho y hecho, en muy poco tiempo ya tenía su casita hecha y se fue corriendo a jugar.
El cerdito mayor decidió que lo más lógico era hacerse una casa de ladrillos. Un poco más lejos de donde se había hecho la casa el mediano, empezó a apilar los ladrillos y poner cemento, mientras sus dos hermanos jugaban cerca.
Pero escondido detrás de un árbol los estaba espiando el lobo que vivía por aquella zona.
Cuando cada cerdito fue a su casa, él salió de su escondite y fue hacia la casa del más pequeño. “Toc, toc, toc” llamó a la puerta. El cerdito miró por el agujero y, al ver que era el lobo dijo: “Fuera lobo… no te abriré la puerta”.
Y el lobo dijo: “Pues si no me abres la puerta, soplaré… soplaré… ¡y la casa derribaré!”
Empezó a soplar y… ¡la casa de paja salió volando!
El cerdito pequeño salió corriendo y se refugió en casa de su hermano mediano. Al cabo de un rato, el lobo se acercó a la casa de madera.
“Toc, toc, toc” llamó a la puerta. Los cerditos miraron por el agujero y, al ver que era el lobo dijeron: “Fuera lobo… no te abriremos la puerta”. Entonces el lobo dijo: “Pues si no me abrís la puerta, soplaré… soplaré… ¡y la casa derribaré!”
Empezó a soplar y… aunque la casa de madera resistió al principio, acabó cayendo y las maderas se fueron desplomando una a una.
Los dos cerditos salieron corriendo y se refugiaron en casa de su hermano mayor. Poco después, el lobo se acercó a la casa de ladrillos. “Toc, toc, toc” llamó a la puerta. Los tres cerditos miraron por el agujero y dijeron: “Fuera lobo… no te abriremos la puerta”.
Y el lobo dijo: “Pues si no me abrís la puerta, soplaré… soplaré… ¡y la casa derribaré!”
Sopló y sopló… pero la casa no cayó. Entonces intentó entrar por la chimenea. Pero el cerdito mayor había puesto una olla con agua hirviendo, y el lobo cayó dentro y salió corriendo quemado.
Desde aquel día, los tres cerditos decidieron vivir juntos en la casa de ladrillos.
Cuento versionado: La versión del lobo
Érase una vez un lobo que vivía en un gran bosque lleno de árboles y muy bonito. En aquel bosque el lobo se sentía solo, nadie quería jugar con él por el simple hecho de ser un lobo; todos decían que era malo y que se comía a los niños y niñas, pero eso no era verdad: al lobo solo le gustaba jugar con ellos. Él solo comía frutas y verduras, no le gustaba la carne, era vegetariano.
En aquel bosque también vivían tres hermanos cerditos. El lobo siempre iba a espiarlos, se escondía detrás de los árboles y los miraba jugar. El lobo solo quería que los tres cerditos fueran sus amigos, pero por más que lo intentaba no podía acercarse a ellos.
Un día, paseando por el bosque, el lobo vio que los tres cerditos estaban construyendo una casa cada uno. Se sentó lejos en una piedra y los observó.
El cerdito pequeño construyó una casa de paja para acabar antes y poder ir a jugar. El mediano construyó una casa de madera y el mayor tardó más, construyendo una casa de ladrillos preciosa.
Cuando terminaron, cada uno fue a su casa. El lobo, aburrido, decidió llamarles para ir a jugar.
Primero fue a la casa de paja. “Toc, toc, toc”, llamó a la puerta y empezó a salir tanto polvo que estornudó muy fuerte y, sin querer, derribó la casa del cerdito pequeño. El cerdito, asustado, salió corriendo a la casa del mediano.
El lobo fue detrás para pedir perdón, pero cuando llegó a la casa de madera empezó a aullar muy fuerte por la tristeza, y la casa se derrumbó.
Los dos cerditos fueron corriendo a la casa del mayor. Estaban muy asustados. El lobo intentó explicarles que solo quería jugar, pero ellos lo entendieron mal y se asustaron aún más.
Al ver la chimenea, el lobo intentó entrar, pero resbaló y cayó en una olla de agua hirviendo y salió corriendo.
Desde aquel día, el lobo nunca volvió a ver a los cerditos. Sigue triste y solo, pensando que ellos son felices y que quizá algún día lo entenderán.
A continuación os dejamos diversas propuestas para poder ambientar este cuento y sus personajes:
También os dejamos unas láminas que os pueden ayudar a representar el cuento de una manera más visual:


















