adaptacion

Para los niños, ir a la escuela supone un cambio muy importante: salen de un lugar seguro, conocido y protegido donde se relacionan con las personas con las que ya han establecido unos primeros vínculos en los que hay un apego, para entrar en una situación completamente desconocida.

Cuando los niños inician el hecho de compartir el seno de la familia con la guardería se plantean un montón de dudas e interrogantes.

Inicialmente los niños tienen una relación de apego con su cuidador primario. Esta relación es muy importante para el desarrollo de los niños ya que es la que sentará las bases de todas las relaciones que los niños desarrollarán a lo largo de su vida. Esta relación les produce: seguridad, tranquilidad, calma, consuelo y placer, pero también la amenaza de la pérdida de la persona evoca una intensa ansiedad.

Este inicio en la escuela supondrá una situación de separación y como tal siempre será más o menos dolorosa. En muchos casos la separación no solo afecta a los niños sino que también es un proceso que la familia sufre, ya que es el momento de compartir el cuidado de su hijo/a y dejarlo en manos de otras personas.

En este momento es muy importante que familia y escuela formen una buena entente, que tengamos una buena relación, ya que será la base de una buena adaptación.

Es una buena señal que los niños se quejen después de un período de separación porque se sienten estrechamente unidos a los suyos. Lo más importante es poder superar la situación sin sacar conclusiones precipitadas sobre los niños y las personas que los cuidan, ni dudar de si aún nos quieren. La manera en que las familias afronten la separación determinará la experiencia de los niños. Un adiós dicho con seguridad sirve para que los niños no piensen que las horas serán largas.

En el proceso de adaptación los niños también se encuentran en un ambiente diferente que deben descubrir, unas costumbres y hábitos a los que deberán adaptarse. También se encuentran dentro de un nuevo espacio en el que se sentirán desorientados y perdidos. También deben hacer una nueva reestructuración temporal ya que pierden la noción de la rutina diaria a la que estaban inicialmente acostumbrados. Por lo tanto, este proceso es un espacio, un ambiente, una temporalidad y unas personas nuevas que todavía no han sido investidas de sentido ni afectividad.

La adaptación es un proceso individual. La diversidad se manifiesta tanto en la manera de ser y hacer de cada niño y de su familia. El período de adaptación sirve para ofrecer a los niños seguridad en el nuevo ambiente, la escuela, y también para experimentar el beneficio del contacto con otras personas. Este período también es muy importante para el equipo educativo de la escuela ya que permite conocer detalladamente cada familia, cada niño y sus peculiaridades.

Algunas pequeñas recomendaciones para que este período de adaptación sea lo menos doloroso posible para los niños son:

  • Ir anticipando a los niños su incorporación a la escuela: que conozcan y tengan contacto previamente con el edificio, la educadora, familiarizándolos con los nombres de los otros niños del aula y del personal del centro.
  • Prever, dentro de las posibilidades laborales, disponer de unos días para acompañar al niño con la presencia dentro del aula de su referente familiar, para facilitar conjuntamente el descubrimiento y la confianza de los nuevos espacios, los tiempos, la maestra y los nuevos compañeros.
  • Hacerlo gradualmente, comenzando por asistir un ratito a la guardería en compañía de la madre/padre/abuela/abuelo e ir alargándolo poco a poco en el tiempo.
  • Ser respetuosos con su incorporación progresiva, sin forzar situaciones. Se debe respetar el tiempo del niño, ya que no todos necesitan el mismo proceso de adaptación.
  • Comunicación continuada con las educadoras: facilitar a la educadora el conocimiento de las particularidades del niño, en especial de las rutinas a las que está acostumbrado: cómo duerme, qué le gusta, cómo reacciona, cómo se calma…
  • Aunque creamos que no nos entienden explicar a los niños cómo irá el día: quién lo llevará a la escuela, si se quedará a comer, quién lo recogerá (importantísimo). El niño necesita organización, “rutinas”, esto le ayuda y le da seguridad.
  • A estas edades tienen muy pocos recursos, por eso debemos ayudarles a poner palabras a lo que les pasa: “estoy triste, enfadado, asustado, rabioso…”.
  • Que lleven a la escuela un objeto de casa importante para ellos que les dé seguridad y pueda simbolizar esa figura de apego que en muchos momentos necesitarán imaginar para calmarse o dormirse (muñeco, mantita, cojín, pañuelo de la madre…).
  • No engañarles, porque genera desconfianza, inseguridad y se desorientan. Despedirse cada día y recordarles que luego los vendrán a buscar.
  • Una vez decidido, no alargar las despedidas.
  • Ser puntuales en las recogidas.
  • Que vivamos la incorporación del niño a la escuela con la mayor normalidad.
  • Procurar que no coincida con otros cambios: quitar el pañal, cambio de cama, etc.