Niños descalzos

Durante muchos años nos habían dicho que la mejor manera para que los pies de nuestros niños se desarrollaran correctamente era poniendo zapatos rígidos y, si podían ser botas que sujetaran los tobillos, mucho mejor, porque así el pie estaba bien sujeto.

Descalzo: mejor desarrollo del pie

Actualmente es todo lo contrario, muchos estudios respaldan que cuanto más tiempo pasen nuestros niños descalzos mucho mejor y, en el caso de necesitar calzado, recomiendan que sean zapatitos blandos que permitan una total libertad de movimiento del pie y del tobillo. De esta manera se desarrolla mucho mejor la formación del arco plantar, ya que los bebés nacen con los pies planos, ayuda al niño a tener más estabilidad y equilibrio, evitando caídas y tropiezos, evita la sudoración de los pies, favorece la musculatura del pie y el tobillo, ayuda a la circulación sanguínea, y produce una mayor oxigenación de las extremidades inferiores y ayuda al desarrollo de las estructuras del pie.

En los pies de nuestros niños podemos encontrar 26 huesos, 33 articulaciones y más de 100 tendones, músculos y ligamentos, los cuales nos permiten caminar por los terrenos más insospechados pudiendo adaptarnos a cualquier tipo de superficie.

Impacto del calzado en el desarrollo

Cuando ponemos unos zapatos en los pies del niño estamos aislando el pie del suelo y, por tanto, estamos poniendo amortiguación y limitando su movimiento, lo que ocasiona que limitemos el ejercicio que debe hacer el pie para poder desarrollarse correctamente. Aparte de ser más cómodo para ellos y permitir la libertad de los pies, también ayuda a la observación del propio cuerpo, de los dedos y de la motricidad de los mismos.

Aunque no lo parezca, los pies de los bebés y niños tienen una mayor sensibilidad táctil que las manos hasta los 9 meses de vida, y esto es de gran importancia para el desarrollo neurológico del bebé, ya que proporcionará información sobre el mundo exterior al niño.

Además, ir descalzo permite al niño aumentar la percepción del espacio, ya que sus pies están en constante movimiento y esto implica un mejor desarrollo del sistema nervioso, que se traduce en una correcta maduración de las habilidades motoras del niño.

El mito de los resfriados

Aunque muchas familias son conscientes de que los zapatitos no ayudan al desarrollo de los pies, acaban poniéndolos porque tienen miedo al contacto directo del suelo frío con el pie del niño, ya que así evitan los resfriados. Existe un viejo mito que dice “los resfriados entran por los pies”. Pero esto no es del todo cierto, los resfriados no entran por los pies ni los virus tampoco. Estos se transmiten por el tracto respiratorio de una persona a otra de forma directa (al hablar, estornudar, toser…) o de forma indirecta, a través de las manos, si tocamos una superficie donde hay virus o si nos llevamos la mano a la boca o la nariz. Estos virus se quedan en nuestras mucosas y, en función de cómo responda el cuerpo de cada uno, provocan o no un resfriado.

Por lo tanto, podemos desmitificar este mito. Los niños no se resfrían por caminar descalzos. De todas formas, si no nos convence que en pleno invierno el niño vaya descalzo, podemos optar por poner calcetines, que evitan el contacto directo con el suelo pero a la vez permiten libertad de movimiento del pie, o también calcetines antideslizantes, que ayudan a evitar que resbalen.