el gateo

El gateo es una fase que siempre se ha considerado muy importante para el bebé. Sin embargo, a menudo conocemos niños que se han saltado esta etapa de la vida, otros la retrasan y otros la realizan, pero de una manera un poco especial.

Siempre ha habido muchos mitos sobre este tema. A menudo tendemos a comparar a nuestros hijos/as con otros y cuando hay una etapa que se retrasa es cuando normalmente empiezan las dudas y los miedos. ¿A qué edad se debe gatear? ¿Y si no gatea, qué pasará?

El gateo puede aparecer entre los cinco y los doce meses de vida y puede realizarse de muchas maneras diferentes.

Lo más normal es que empiece alrededor de los seis meses, pero cada bebé necesita su tiempo y espacio para poder desarrollarlo y siempre que se hayan adquirido y desarrollado otros aspectos para que el gateo pueda llevarse a cabo: antes de gatear el bebé debe tener suficiente fuerza para poder levantar la cabeza y debe aprender a sentarse con apoyo automáticamente.

Gatear es importante porque…

  • Contribuye a conectar los dos hemisferios cerebrales, ayudará a integrar reflejos, a ganar propiocepción y coordinación.
  • Favorece la visión, ya que el niño debe enfocar a una distancia corta y esto ayuda a reforzar la musculatura del sistema ocular.
  • Ayuda al desarrollo del sistema vestibular, ayuda al niño a situarse en el espacio y a conocer mejor las distancias.
  • Ayuda a integrar la marcha cruzada (el brazo se avanza con la pierna contraria), es un patrón neurológico que hace posible el desplazamiento corporal y que de adultos usamos al caminar.
  • Al colocarse sobre cuatro puntos de apoyo (manos y rodillas) hace que el niño desarrolle un buen esquema corporal, fomentando el equilibrio y la estabilidad.
  • Desarrolla los reflejos de caída, de cara a prevenir futuros accidentes.
  • Se adquiere de forma progresiva un tono muscular en las piernas, importante para poder posteriormente caminar.

¿Debemos estimular el gateo?

Lo más importante es no presionar al bebé, se debe respetar cada etapa y entender que cada niño necesita su tiempo. Pero sí es conveniente favorecer que este gateo se produzca y para ello es necesario que el bebé esté mucho tiempo en el suelo y que le dejemos libertad de movimiento y libertad de exploración. Sin estas dos cosas no estaremos ayudando al gateo.

Para gatear, el niño primero deberá arrastrarse y nosotros podemos estimularlo poniendo objetos delante de él para incitarlo a cogerlos. De hecho, este será el incentivo que lo empuja a hacer sus primeros movimientos. Primero empieza a usar las manos y los dedos de los pies para impulsarse hacia adelante y, por tanto, es importante que el niño vaya descalzo. En este momento podemos ayudarlo poniendo nuestras manos detrás de sus pies, apoyando así este movimiento y ofreciendo un punto de apoyo.

Al principio quizá irá hacia atrás, ya que resulta más fácil empujar con las manos que con los pies, pero también podrá moverse en círculo si le atrae algún juguete que cree que puede conseguir. Pronto logrará desplazarse reptando con brazos y piernas pero sin levantar el vientre del suelo. Esta forma rudimentaria de gateo le permite ir fortaleciendo sus músculos. En este momento podemos favorecer el gateo flexionando las piernas del niño o poniéndole un cojín bajo el vientre. En esta posición podemos ofrecer juguetes para que intente cogerlos.

Al principio avanzará con el brazo y la pierna del mismo lado y más adelante aprenderá a hacerlo alternando brazo derecho con pierna izquierda y viceversa.

¿Cómo podemos estimularlo?

  • Proporcionar un espacio adecuado y seguro para que puedan gatear (superficie grande, aislada del frío, sin obstáculos perceptivos).
  • Poner ropa adecuada que les permita libertad de movimiento. Debemos evitar faldas, vestidos, vaqueros…
  • Tumbarnos al lado de ellos en el suelo y disfrutar juntos: reír, cantar, hacer cosquillas… Su espacio de juego debe ser el suelo.
  • Dejar que se muevan libremente, que prueben diferentes posturas y que experimenten con su propia experiencia e iniciativa.

Debemos evitar…

  • El uso de hamacas, ya que estamos limitando su movimiento y privando las experiencias del contacto con el suelo.
  • El uso de andadores. A menudo se cree que ayudan a caminar y a estar más estables, pero la realidad es que si el niño no se ha puesto de pie por sí solo es porque su cuerpo aún tiene estructuras inmaduras que no le permiten hacerlo. Si lo forzamos, estamos sobrecargando la pelvis y las piernas y esto puede producir deformidades estructurales posteriores. El niño, en la etapa de suelo, integra el plano horizontal, dividiendo el espacio entre arriba y abajo, algo imposible de conseguir si lo colocamos de forma vertical en un andador o lo sentamos prematuramente.
  • Los parques, ya que dejan muy poco espacio para fomentar el gateo, rodar y moverse. El obstáculo perceptivo (la malla) hace que el niño adopte posturas más sedentarias o que se coloque de pie antes de tiempo.
  • No colocarlo en posturas a las que no pueda llegar por sí mismo.

Bibliografía utilizada:

  • Ferré, J; Ferré, M (2005) Cero a tres, desarrollo neuropsicomotor de los 3 primeros años de vida.
  • Pikler, I (1984) Moverse en libertad: desarrollo de la motricidad global. Narcea.
  • Estremera, L (2015) La importancia del gateo en los niños y niñas. Portal de educación infantil y primaria. Educapeques

“Intentar enseñar a un niño algo que puede aprender por sí mismo, no es tan sólo inútil sino también perjudicial!” Emmi Pikler