Pelotas Montessori

La filosofía María Montessori nos indica que los bebés necesitan elementos de juego que provoquen estímulos sencillos de acuerdo con su desarrollo y que supongan objetos alcanzables para ellos.

Las pelotas Montessori son un buen recurso para los bebés, ya que son muy suaves y están rellenas con “fibra hueca” y confeccionadas con telas de algodón, lo que hace que sean totalmente lavables. Tienen unas aberturas del tamaño justo para que el bebé, con sus manitas, pueda sujetarlas. Lo más importante es que estamos ofreciendo al niño un estímulo natural, sencillo y asequible para él.

Cuando los bebés nacen, muchas veces se les dan peluches que ni miran o juguetes complejos que generan frustración y a los que tampoco prestan demasiada atención. Cuando observan un objetivo muy complejo y no ven la posibilidad de alcanzarlo, pierden la motivación inmediatamente. Por eso es importante ofrecer elementos de juego con estímulos sencillos y objetivos alcanzables.

María Montessori decía que toda actividad que ofrecemos al niño debería tener un centro y una periferia. La periferia representa el movimiento que debe realizar el niño para empujar la pelota, y el centro es la posibilidad que le da al niño de conseguir y agarrar con su mano un objeto alcanzable que lo motive a seguir esforzándose.

Con este material el bebé tendrá dos grandes objetivos: el primero será externo, conseguir la pelota, y el otro interno, disfrutar de la auto-creación y de su propio desarrollo adquirido.

Propuestas que os ofrecemos:

  • Elemento móvil y táctil: Entre los 3-5 meses, se puede colgar la pelota con un cordel como un móvil en la zona diurna de movimiento libre, de manera que el bebé pueda golpearla. Sus colores y el movimiento estimulan la vista y los primeros movimientos globales.
  • Estímulo para fomentar el inicio del gateo: Entre los 5-12 meses, la pelota es fácil de agarrar por su textura suave y sus aberturas. Lanzarla a menos de un metro de distancia permite un objetivo alcanzable. Esto evita frustración y permite un desarrollo paralelo de movimiento e inteligencia, ya que la pelota no desaparece de su campo de visión.
  • Los primeros pasos: En los primeros pasos, la pelota permite chutar sin peligro por su peso y favorece la repetición, ya que no recorre grandes distancias.
  • Jugar dentro de casa: Cuando el niño ya camina, la pelota es ideal para jugar dentro de casa, ya que es suave y no supone peligro para el mobiliario.

Está demostrado que este tipo de pelotas provoca un desarrollo sensorial a través del tacto, así como el desarrollo del movimiento y la coordinación motriz del bebé.

Como veis, juguetes tan sencillos como las pelotas ayudan muchísimo al desarrollo de nuestros niños, respetando siempre su ritmo, intereses y necesidades.

«Lo esencial es que el niño descubra por sí mismo el máximo de cosas posibles. Si le ayudamos a resolver todas sus tareas, le quitamos justamente aquello que es lo más importante para su desarrollo mental. El niño que logra algo mediante experimentos autónomos adquiere conocimientos completamente distintos a los de un niño al que se le ofrece previamente la solución» — Emmi Pikler