Después de unas semanas de vacaciones, días más largos, horarios flexibles y momentos compartidos en familia, llega el momento de volver, poco a poco, a las rutinas cotidianas. Para los niños pequeños, este cambio puede suponer todo un reto: volver a levantarse más temprano, recuperar los horarios de las comidas, irse a dormir antes o separarse de la familia para volver a la escuela.
Por eso, es importante entender que recuperar los hábitos no es cuestión de un día para otro. Los niños necesitan tiempo, anticipación y, sobre todo, sentirse acompañados y seguros durante este proceso.
¿Por qué son tan importantes las rutinas?
Las rutinas dan a los niños seguridad, estabilidad y confianza. Saber qué pasará después les ayuda a anticipar las situaciones y a comprender mejor su día a día.
En la escuela infantil, las rutinas forman parte del aprendizaje: los momentos de comer, dormir, lavarse las manos, recoger, jugar o prepararse para salir son oportunidades para desarrollar autonomía y adquirir hábitos.
Después de las vacaciones, recuperar estas pequeñas rutinas ayuda a los niños a volver a encontrar su ritmo y a prepararse para el nuevo curso.
¿Cómo podemos empezar a recuperar los hábitos?
Recuperamos los horarios de sueño de manera progresiva
Durante las vacaciones es habitual que los horarios se desplacen. Si el niño se ha acostumbrado a irse a dormir y levantarse más tarde, podemos empezar unos días antes de volver a la escuela a adelantar progresivamente la hora de acostarse y de levantarse.
Más que buscar un cambio brusco, es preferible hacerlo de manera gradual y respetuosa, manteniendo un ritual tranquilo antes de ir a dormir: un baño, ponerse el pijama, lavarse los dientes, leer un cuento o tener un rato de calma.
Volvemos a los horarios habituales de las comidas
Las vacaciones también pueden modificar los horarios y la manera de comer. Recuperar progresivamente los horarios habituales ayudará al niño a volver a anticipar cuándo es la hora de desayunar, comer, merendar o cenar.
Es un buen momento para volver a dar valor a comer con calma y, siempre que sea posible, en familia, sin prisas y favoreciendo que el niño participe en pequeñas tareas adecuadas a su edad.
Preparamos la vuelta a la escuela
Hablar de la vuelta a la escuela unos días antes puede ayudar mucho. Podemos explicarle que pronto volverá a ver a sus compañeros y compañeras, a las educadoras, los espacios conocidos y las actividades que tanto le gustan.
Con los niños pequeños, no hace falta darles mucha información de golpe. Mensajes sencillos, repetidos y positivos les ayudan a anticipar el cambio.
También podemos recuperar algunos elementos de la rutina escolar: preparar la mochila, escoger la ropa del día siguiente o volver a establecer una hora aproximada para salir de casa.
Fomentamos la autonomía
La vuelta a la rutina es una buena oportunidad para seguir potenciando la autonomía de los niños.
Según la edad, podemos animarlos a:
- Recoger los juguetes después de jugar.
- Guardar sus zapatos o la mochila.
- Lavarse las manos con ayuda.
- Participar a la hora de vestirse y desvestirse.
- Comer de manera cada vez más autónoma.
- Colaborar en pequeñas tareas cotidianas.
No se trata de que lo hagan todo solos, sino de darles tiempo y oportunidades para intentarlo.
Mantenemos unas rutinas previsibles
Durante los primeros días, puede ser útil mantener cierta estructura: levantarse, desayunar, vestirse, ir a la escuela, volver a casa, jugar, cenar, baño, cuento y a dormir.
Esta previsibilidad permite que el niño pueda anticipar qué pasará y reduce la incertidumbre ante los cambios.
¿Y si aparecen más llantos, rabietas o dificultades?
Es completamente normal que la vuelta a la rutina genere algunas reacciones. Los niños pueden estar más cansados, más sensibles, tener más necesidad de contacto o mostrar más resistencia ante algunos límites.
En estos momentos, es importante acompañar las emociones sin dejar de mantener los límites y las rutinas.
Podemos validar lo que sienten con frases sencillas como:
«Sé que quieres seguir jugando, pero ahora toca ir a dormir.»
«Entiendo que te cueste volver a la escuela. Después vendré a buscarte.»
«Echas de menos las vacaciones. Han estado muy bien, ¿verdad? Ahora volvemos a nuestra rutina.»
Poner palabras a sus emociones les ayuda a entender qué les pasa y a sentirse escuchados.
Volver a la rutina también es un proceso emocional
Para los niños, volver a la escuela no implica solo recuperar horarios. También significa separarse de nuevo de la familia, adaptarse a nuevos ritmos y reencontrarse con personas y espacios.
Por eso, el acompañamiento de las familias es fundamental. Una actitud tranquila y segura por parte del adulto transmite confianza al niño.
No hace falta que todo sea perfecto. Habrá días en que la rutina funcionará muy bien y otros en que costará un poco más. La constancia, la paciencia y el afecto son las mejores herramientas.
Pequeños pasos, grandes aprendizajes
Recuperar los hábitos después de las vacaciones es una oportunidad para volver a conectar con el ritmo cotidiano y, a la vez, seguir ayudando a los niños a crecer.
En la escuela infantil y en casa compartimos un mismo objetivo: ofrecer a los niños un entorno seguro, afectuoso y previsible donde puedan desarrollarse con confianza y autonomía.
Porque las rutinas no son solo horarios: son momentos cotidianos que ayudan a los niños a entender el mundo, a sentirse seguros y a descubrir, paso a paso, todo aquello que ya son capaces de hacer.
¡Bienvenidos de nuevo! Empezamos el nuevo curso con calma, ilusión y muchos pequeños pasos para crecer juntos.


